28 Noviembre 2006
Siempre que nos veíamos hablábamos de lo tontos que fuimos. Nos reiamos entre suspiros y dábamos por fin forma a aquellas palabras que nunca nos atrevimos a usar: cómo nos hubiera gustado a ambos, cuánto nos habíamos deseado...
Cuando nos conocímos yo tenía 19 años, era un hombre guapo, silencioso, con una cierta nobleza... Tal vez demasiado maduro para mi edad.
¿Inconvenientes? Ella tenía ya 22 y además salía con un imbecil que por supuesto ahora es político.
Y ahora que al fin nos re-encontrábamos, ella estaba casada, yo estaba casado...
Y luego ella estaba embarazada...
Y luego ya tenía una hija, 2...
Yo siempre "estaba intentándolo" (alguna vez contaré cuánto lo he intentado entre los 27 y los 44 años...)
Y nos volvimos a perder de vista.
Hace 6 ó 7 años nos vimos a la salida de un cine de verano que había -ya lo han cerrado- en la Playa de Piles.
Yo tendría 46, ella tendría 49, pero seguía siendo una mujer "con ángel": sencilla y a la vez terriblemente femenina.
Nos pusimos rápidamente al día: ella había creido encontrar el amor en otra persona y lo había apostado todo al cero... yo estaba ya en plena crisis por la imposibilidad biológica de tener descendencia. Ambos teníamos esa sensación de haber construido la casa de nuestros sueños... y haber olvidado poner la escalera... (Seas quien seas: si lees esto y no sabes a lo que me refiero espero que no lo averigües nunca).
Era verano, casi las dos de la madrugada, ella llevaba un vestido de esos frescos-veraniegos de una pieza... No quiero poner escusas, simplemente mi mano retiro su pelo, acarició su cara, se metió profúndamente en el escote... Ella sonrió tristemente y recorrió el brazo que la acariciaba. Dijo: "Qué gordo te has puesto Constantino y que guapo estás con barba" Yo me reí y dirigí su mano hacia abajo, donde el pantalón ya era pequeño... bajé la cremallera, puse su mano dentro. Ella apoyó la cabeza contra mi pecho y la tuvo alí un instante, tocándolo todo suavemente, reconociendo todo aquello que un día debió ser suyo.
Vamos a dejarlo aquí ¿vale? - dijo... y se quedó allí: apoyada en mí, moviendo la mano suavemente, llorando.
servido por CONSTANTINO
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25 Noviembre 2006
No sé por qué pero se fiaba de mí. Me hablaba constantemente de coños, culos y pezones mientras íbamos hasta Valencia para el reparto semanal. Los viernes era por la tarde y, casi sin excepción, al acabar buscaba una mujer. Era viudo y estaba ya a punto de jubilarse. Aquel, supongo, era "su polvo de la semana".
Yo tenía 16 años y en mí volcaba "sus enseñanzas": "Xiquet, un home al que no han cagat mai no es un home" ("Criatura, un hombre al que no han purgado aún no es un hombre").
A veces "subía" a alguna casa y otras era en la propia furgoneta.
Yo me bajaba y le daba patadas a las piedras del descampado de turno y esperaba.
Un día dijo "On vas xiquet, en el fred que fa, per mi no has de tindre vergonya eh, aixo es la vida!" ("Dónde vas criatura con el frio que hace, por mí no tengas verguenza eh, que la vida es esto!"). Así que me quedé en el asiento del copiloto y al girar la cabeza avergonzado veía el culo blanco del Sr. Soldevila moverse, su pantalón por las pantorrillas y la cabeza metida entre una tetas que con el tiempo descubrí que siempre eran bien grandes...
Al volver tenía que soportar los clásicos "Xe que bo" ("Que bueno!") y "Aixo es lo millor que hi ha en el mon xiquet" ("Esto es lo mejor que hay en el mundo chiquillo").
La verguenza se me fue pasando, iba mirando y un día que puso a una a cuatro patas aprendí todo lo que había que aprender. De la A a la Z.
Unas semanas después, ante sus insistencias, yo me hice el valiente y él sonriendo dijo: "Així que ja vols ser un home..." ("Así que ya quieres ser un hombre...") "Xiquet... festa major!, D. Jaume Soldevila paga" ("Criatura... fiesta mayor!, D. Jaime Soldevila paga").
En fin, buscamos una mujer y esa mujer era hermosa y yo me perdí en su cuerpo completamente. Al correrme, dejé caer la cabeza como flotando, feliz.
Al abrir los ojos vi a un palmo a D. Jaime moviendo su poya dura: "Vinga xiquet, lleva, deixam a mi ara collons! que me he ficat calent..." (Venga chiquillo, quita, déjame a mi ahora cojones! que me he puesto caliente"...)
servido por CONSTANTINO
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20 Noviembre 2006
Caminar por una ciudad extraña.
Filtrear con los taxistas.
Ver una película sobre el calentamiento global cuando debería preocuparme el particular.
Te observa quien no quieres, quien quieres no te observa...
La soledad que duele.
El deseo que te está matando.
servido por CONSTANTINO
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11 Noviembre 2006
Cuando era un niño había carros,
serenos,
carteros que tocaban a la puerta por Navidad.
Había calles de tierra,
jerseys heredados,
sofás de skay,
sartenes a plazos.
Las teles tenían 2 canales -en blanco y negro-.
La leche la llevaban a casa,
en la tienda te fiaban...
Ahora sigo siendo un niño pero hay coches,
borrachos,
mails,
autopistas,
ropa de marca.
Los sofas son de La Oca,
las ollas expres las regalan los bancos,
las teles parecen ovnis.
Hay leche enriquecida con no-sé-qué-omega,
nadie se fía de nadie.
Cuando era niño mi padre daba vueltas en la plaza del pueblo.
De su cuello un cartel: "Rojo peligroso".
Aún así sigo siendo un niño.
servido por CONSTANTINO
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10 Noviembre 2006
Aprender a pensar sin tenerla en cuenta.
Dejar de coger 2 platos para poner la mesa.
No sentir verguenza por ir solo al cine.
Pensar en la puta cesta de Navidad.
servido por CONSTANTINO
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9 Noviembre 2006
Tenerse paciencia.
Ir a coger un libro que se ha quedado ella.
Los ruidos de los vecinos.
Comprobar que masturbarse no acaba con el deseo.
servido por CONSTANTINO
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8 Noviembre 2006
Trabajar duro.
Sentirse orgulloso de estar intentándolo.
Revisar fotografías.
Tirar todo aquello que no es esencial.
Llorar en la ducha.
Amar la vida.
servido por CONSTANTINO
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8 Noviembre 2006
Cortefiel, entro a ver si compro un traje y un par de camisas. 14.30 h. hora de la comida, está vacío.
Quiero pensar que el dependiente me mira más allá del interés comercial. Me pregunta si necesito ayuda, le digo lo que busco, seleccionamos entre lo que hay y paso al probador.
El pantalón me va pequeño (no es de extrañar peso casi 100 kilos) me lo quito y le llamo, se lo digo, va a por una talla mayor.
Decido apostar, me quito también la camisa y me quedo en calzoncillos. Cuando llega con el pantalón abro la puerta con toda naturalidad... le digo "traeme por favor también la otra camisa, la de rayas granate" me mira sorprendido y va a por la camisa. Cuando la trae procuro estar un poco "alegre" debajo del calzoncillo. Noto que los ojos se le van hacia abajo. Me calzo el pantalón, "pequeño", le digo y le sonrío. El me dice, "Es que no es exáctamente el mismo modelo, el otro no lo tenemos en esta talla, espere".
Vuelve con otros dos y se queda allí, atento. Yo no cierro la puerta. Me pongo un pantalón. Es de mi talla pero no me gusta nada cómo me queda. Me lo saco y procuro arrastrar un poco el calzoncillo al hacerlo, sé que se me está viendo más de medio culo, noto nervioso que me estoy empalmando... Me pruebo el otro pantalón, perfecto. Le pido opinión sobre las camisas, me pruebo ambas y sonrio tontamente. A los dos nos gusta la misma. Un traje y una camisa. Me quito la camisa, se la doy, me quito el pantalón se lo doy, le devuelvo también la otra camisa y nos quedamos mirando. Un chaval moreno y educado y un maduro canoso y grueso pensando en lo mismo. Me giro a por mi pantalón y allí de perfil meto la mano en el calzoncillo y situo rapidamente la poya casi dura hacia arriba (me la tiene que haber visto, pienso) Me giro y le digo, bueno... ahora salgo. El dice "vale", pero es un "vale" inmovil, un "vale" triste, un "vale" cobarde...
servido por CONSTANTINO
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