Todo se aprende: Gabriel Sapeña
Al morir el padre de Gabriel el único interés era saber quién iba a "administrar" su dinero, al fin y al cabo tenía 18 años y era ciego...
El entierro se convirtió en un espectáculo lamentable de toma de posiciones, familiares de tercera fila insultándose... Nadie por otro lado se quería "hacer cargo" de él. Era una situación vergonzosamente extraña.
Cuando le dí el pésame él temblaba, yo quería decirle algo, quería tener algo, algo que ofrecerle... no sé, había pensado en un "no te preocupes Gabi, no te va a faltar nada" pero de pronto me encontré gritando: "¡Basta ya, un poco de decencia joder!... y todo quedó en silencio. Él se puso a llorar, la gente empezó a murmurar y yo me marché sin decirle nada y sin meterle un guantazo a nadie.
Algunos dimos el paso y le sacamos adelante.
Ahora, 35 años después, he pasado otra nochevieja con él, con él y su mujer -Manuela, una santa- Me gustaría contaros muchas cosas de todo este tiempo: que cantaba cuando Paco y yo lo llevamos a operarlo de fimosis con 20 años, cómo olía constantemente sus manos después de "estrenarse" en la discoteca "Pampols" con la hippy aquella, o una noche delirante donde acabamos friendo croquetas desnudos como pago de ciertos "servicios" recibidos. Lo nervioso que se puso para decirle ¡al fin! a Manu "Te quiero", como cogía las manos de Juanjo, de Paco y la mia y las unía para contarnoslo todo de nuevo una y otra y otra vez. Su rostro el día que nació su hija, su alegría innata, su inmensa fortaleza.
Me conformo con que sepáis que existe, que le quiero y que es mi amigo.
Gracias Gabi.

poedia dijo
Bellísimo, amigo Constantino. Eso es amistad y respeto y dignidad y ser humano y mucho más. Feliz Año, nos leemos por aquí.
7 Enero 2007 | 11:31 PM